jueves, 15 de diciembre de 2005

Presencia Cristiana y la Educación

El debate que estamos viviendo en torno a la Educación nos obliga, como Asociación que quiere estar presente en la sociedad, a pronunciarnos sobre un tema que consideramos clave para el desarrollo de la persona.

Creemos que la educación es el resultado de la intervención de distintos factores sobre los niños y jóvenes: familia, escuela y sociedad; y también, que la familia es la institución más influyente en el proceso de personalización y en la educación de los hijos. Por ese motivo, ni el Estado ni la sociedad deberán sustituirla. La familia será siempre la primera escuela y los padres los primeros maestros y educadores. Educar no es una tarea fácil, pero los padres, “sólo” por el hecho de serlo, debemos saber que educar es un derecho irrenunciable e inalienable y un deber que tenemos, y que ambos hay que ejercerlos.

Pero somos conscientes también de que el trabajo de los padres no es suficiente y de que, por este motivo, los profesores en los centros educativos son colaboradores insustituibles para conseguir los fines de la Educación. Tenemos que asumir la necesidad de complementariedad y cohesión entre la familia y la escuela.

Nosotros pensamos que para que la Educación cumpla sus fines debe ser integral, esto es, llegar a todos los aspectos y dimensiones de la persona, a “todo el hombre” para humanizarlo al completo. En esta línea, el Informe a la UNESCO de la Comisión Internacional sobre “La Educación para el siglo XXI” en 1996 concluyó que “...La Educación debe contribuir al desarrollo global de cada persona: cuerpo y mente, inteligencia, sensibilidad, sentido estético, responsabilidad individual, espiritualidad”.

Desde la Asociación Presencia Cristiana, defendemos un modelo educativo de calidad y en libertad que contribuya a que los niños y jóvenes desarrollen sus aptitudes y cualidades intelectuales, su voluntad, sus capacidades afectivas y espirituales y que despierte en ellos lo mejor de sí mismos. Queremos para ellos una Educación que les ayude a ser personas autónomas, capaces de tomar decisiones y de comprometerse, con una escala de valores y una conciencia moral regidas por principios universalistas. Pero, como cristianos, no podemos conformarnos con una “Ética de mínimos”, sino que, además, queremos que nuestros hijos orienten su vida según una “Ética de máximos”, construida sobre la anterior y según los valores del Evangelio de Jesús, donde la “libertad” se interpreta como un “don de Dios al hombre” y donde la “solidaridad” se transforma en “amor” y “el otro” en “hermano”.

El que los padres podamos escoger para nuestros hijos el tipo de educación religiosa y moral que esté de acuerdo con nuestras propias convicciones es un derecho fundamental que garantiza la Constitución Española y la Declaración Universal de los Derechos Humanos y que defenderemos por todos los procedimientos legítimos que ofrece una organización democrática de la sociedad.

(Esta carta fue publicada en la sección de Cartas al Director en los principales periódicos locales).