martes, 15 de abril de 2008

Relación Iglesia Estado

Imagen del anverso de un denario con la efigie del César
En los últimos tiempos se está asentando en nuestra sociedad un laicismo radical que pretende postergar la religión al ámbito de lo estrictamente privado en aras de una, ya existente, separación Iglesia-Estado. 

Con independencia de las creencias de cada persona, es innegable que el hombre se ha caracterizado desde sus orígenes, por poseer unas inquietudes religiosas, filosóficas, artísticas, científicas, políticas, etc. que lo han acompañado a lo largo de su historia. Esta dimensión intelectual-espiritual constituye su naturaleza de forma tan real como su propio cuerpo físico. El Estado, como organización que establecen los hombres para convivir en un territorio, tiene que tener en consideración esta realidad completa del hombre a la hora de actuar. No cabe gobernar tan sólo para cubrir las necesidades materiales de una sociedad. Es necesario establecer el marco para que esas otras realidades puedan desarrollarse en plenitud. Así, igual que no cabe postergar la dimensión artística, o política, o filosófica del hombre al ámbito de lo privado, tampoco cabe postergar su dimensión religiosa..

A pesar de los intentos de algunos regímenes por suplantar las religiones por una religión estatal, es obvio que la Religión ofrece algo que el Estado no puede dar, de ahí que este último deba mantener relaciones de cooperación con las distintas confesiones religiosas. En el caso de España, la Constitución establece de forma taxativa que “los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia católica y las demás confesiones”.

Esta consideración de las creencias religiosas, en nuestro caso mayoritariamente cristianas, y la consiguiente cooperación con las distintas confesiones, nada tiene que ver con el principio de separación Iglesia-Estado que algunos enarbolan en favor de la laicidad del Estado, y que el propio Jesucristo puso de manifiesto con las consabidas palabras “al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”.

Un Estado que llevara el laicismo como bandera sería un Estado incompleto, al igual que si obviara cualquiera otra de las realidades (artística, política, científica, familiar,...) de la naturaleza humana. Y la sociedad que sustentara ese Estado sería una sociedad enferma.