
Para cualquier político, independientemente de su ideología, su actividad debe estar dirigida a la consecución de la justicia y el bien común dentro del conjunto de la sociedad, pero a un político católico se le exige algo más: luchar por la protección de los más necesitados, los pobres, los ancianos y los más débiles entre los débiles, los no nacidos, a los que se pretende eliminar, convirtiendo en derecho, por ley, lo que no es más que un vil asesinato.
Hoy más que nunca, en esta sociedad laicista y descristianizada, los católicos tenemos que impedir, sin violencia, pero con firmeza, que las leyes inhumanas y antinaturales, inspiradas por una irracional ideología de género, lleguen a aprobarse en el Parlamento. Para ello no contamos con más medios que la denuncia constante y la manifestación pacífica masiva, algo que en un país democrático sería suficiente para hacer desistir a los gobernantes, pero en España por desgracia, la democracia asentada
sobre principios éticos ha sido conculcada por el radicalismo ideológico y el relativismo moral.
Antonio Ruiz-Cabello Sanz
(Carta de nuestro compañero publicada el pasado día 29 de noviembre de 2009 en el diario ABC, en la sección "Cartas al Director")
Hoy más que nunca, en esta sociedad laicista y descristianizada, los católicos tenemos que impedir, sin violencia, pero con firmeza, que las leyes inhumanas y antinaturales, inspiradas por una irracional ideología de género, lleguen a aprobarse en el Parlamento. Para ello no contamos con más medios que la denuncia constante y la manifestación pacífica masiva, algo que en un país democrático sería suficiente para hacer desistir a los gobernantes, pero en España por desgracia, la democracia asentada
sobre principios éticos ha sido conculcada por el radicalismo ideológico y el relativismo moral.
Antonio Ruiz-Cabello Sanz
(Carta de nuestro compañero publicada el pasado día 29 de noviembre de 2009 en el diario ABC, en la sección "Cartas al Director")


