miércoles, 17 de marzo de 2010

¿Por qué he perdido mi confianza en el Rey?

Juan Carlos I
Para muchos españoles que aceptamos la monarquía, no por fervor, sino por considerar que es la forma política menos mala para España, hemos sufrido un fuerte varapalo y una gran decepción, pues nos quedaba la remota esperanza de que el Rey no firmaría una ley legalizadora del exterminio de inocentes.

Don Juan Carlos, por desgracia para España, esta vez, no ha estado a la altura de las circustancias al firmar esta ley, en contra de la opinión de la mayoria de la sociedad española,pues una cosa es la aritmética parlamentaria, en la que priman otros intereses, y otra muy distinta el sentir de la calle. ¿O es que acaso no hay muchos votantes del PSOE, PNV y CIU que están en contra del aborto,aunque sus representantes en el parlamento lo hayan votado afirmativamente?

Que no nos vengan con la monserga de que al Rey,constitucionalmente, no le quedaba otra alternativa que sancionar la ley, como he oido decir a un prestigioso jurista. Se plantean muchos interrogantes.¿Donde está y en que consiste la función arbitral y moderadora que el artículo 56 de la Constitución asigna al Rey?. ¿Está obligado el Rey a sancionar leyes que vayan en contra de sus principios y creencias religiosas?. Si así fuera, ¿ donde está entonces su libertad ideológica que como español le reconoce el artículo 16 de la Constitución?.

El Rey,ante todo, es persona y no se puede convertir en un robot,carente de principios y de sentimientos, que firma todo lo que le ponen por delante.Cuando los “padres” de la Constitución redactaron el Título II, referente a la Corona,no les pasaría por su mente, aunque puede que a alguno sí, que un parlamento democrático iba a aprobar leyes manifiestamente injustas e inmorales, contrarias a la ley natural y al bien común y por tanto el Rey, a la hora de sancionar una ley, se viera en el dilema moral de firmarla o no, si iba en contra de sus principios éticos y religiosos.

Sin duda, si se hubiera a negado a firmar esta ley, legalizadora del aborto libre, invocando estos principios, se hubiera originado una gran conmoción nacional que la izquierda, mayoritariamente, hubiera aprovechado para pedir su renuncia a la Corona. Ya ocurrió en Bélgica con el Rey Balduino, cuando en circustancias similares se negó a firmar una ley menos permisiva que la nuestra. Podría haber seguido su ejemplo, pero ha elegido, a mi juicio, la peor solución, moralmente reprobable.

Con ello, no sólo no se ha ganado el apoyo de la izquierda que sigue sin aceptar la Monarquía –no olvidemos que la mayor resistencia a aceptar la Monarquía, cuando se redactaba la Constitución, fue por parte del PSOE y no creo que actualmente hayan cambiado sustancialmente sus planteamientos-sino que ha perdido el apoyo de gran parte de la derecha.

Sinceramente,creo que Su Majestad se ha equivocado y lo peor de todo es que ya es tarde para rectificar.

Antonio Ruiz-Cabello Sanz