miércoles, 5 de mayo de 2010

TOLERANCIA Y DISCRIMINACÍON

El uso del velo islámico en un Instituto de Pozuelo de Alarcón ha suscitado una gran polémica en la sociedad española. La decisión tomada por el Centro, en aplicación de su reglamento interno, ha resuelto puntualmente la situación, pero no ataja de raíz el fondo del conflicto, que debe enfocarse desde otra perspectiva.

El “hiyab”, como otras variantes del velo islámico, no es una simple costumbre indumentaria; tampoco es un atuendo u ornamento inofensivo, sino que tiene un significado cultural: la sumisión de la mujer a la voluntad del hombre. Por tanto, es una cuestión que afecta y ataca a los fundamentos de un Estado democrático, que se asienta, precisamente, en la igualdad de todos los ciudadanos sin excepción. Por ello, el uso del velo ofende, en sí, a la propia dignidad de la persona que está por encima de ideologías, razas, sexo etc..También ofende a una ciudadanía que cree en los valores y derechos de una sociedad plural, libre y democrática.

Las declaraciones del Ministro de Educación así como de algunos miembros del Gobierno, tan favorables y permisivas con el uso del velo, chocan con la hostilidad, tantas veces manifiesta, hacia los signos de presencia cristiana en los espacios públicos. Prueba de ello es la retirada reciente de un Crucifijo, por orden de la Consejería de Salud, que durante veinte años había permanecido en un Centro de Salud de Palma del Río, ante la queja de un ciudadano, pero en contra del sentir mayoritario, tanto del personal sanitario como de los usuarios. Una vez más se ignoran y atropellan las creencias y sentimientos de la mayoría en beneficio de una minoría.

El Crucifijo, gesto supremo de amor y entrega a la humanidad, no expresa intolerancia ni fanatismo.Tampoco discriminación, sino que transmite un mensaje de fortaleza y consuelo en el dolor, de paz y de concordia, de misericordia y reconciliación entre los hombres. Valores que son comunes a toda sociedad, independientemente de su credo e ideología, pero indispensables a la hora de construir una democracia libre y plural.En este sentido se ha manifestado el Presidente de Malta en su discurso de bienvenida al Papa: “La democracia desaparecería si el cristianismo quedara eliminado”.

Y es que los valores y símbolos cristianos están tan arraigados en nuestra cultura que forman parte intrínseca de la identidad y alma de Occidente, de Europa y muy singularmente de España.

Antonia Jiménez López

(Carta de nuestro compañera publicada el pasado día 5 de mayo de 2010 en el diario ABC, en la sección "Cartas al Director")