domingo, 21 de noviembre de 2010

Coste cero en los ataques a la Iglesia

¿Por qué ciertos sectores de la sociedad se aprestan a atacar y ridiculizar a una Institución multisecular como es la Iglesia que, además de lo que supone para los sentimientos de millones de personas, ha aportado un bagaje cultural y social que ha hecho posible el posicionamiento que hemos alcanzado los países circunscritos en su área cultural?

En nuestro país se produce la incongruencia de haber pasado de ser un estado confesional católico a otro beligerante de hecho hacia todo aquello que suponga la esencia de lo cristiano. Esta beligerancia activa se da precisamente por parte de quienes más enaltecen el poder democrático de la mayoría y el derecho al respeto de las minorías, que defienden para otras opciones y que olvidan cuando se trata de aplicarlo a nuestra religión y a nuestras creencias.

Esto se ha evidenciado con motivo de la visita a nuestro país del Papa Benedicto XVI, quien representa a tantos millones de personas no sólo en España sino en el mundo. El programa zafio, grosero e hiriente de Buenafuente, en la Sexta, es una significativa muestra de ello. Pero algo ha sido positivo: queda clara la consigna de determinados medios de comunicación de minar los sentimientos cristianos que siguen presentes en muchos millones de personas. Por más que les pese, su esfuerzo por ningunear esta visita ha sido en vano ante el evidente entusiasmo popular producido por la venida de nuestro Padre y Pastor y el interés en su seguimiento.

Los miles de creyentes que nos hemos sentido insultados, zaheridos y humillados, ¿debemos quedarnos impasibles ante tales ataques? Nuestra respuesta debería materializarse, al menos, en una callada pero enérgica resistencia pasiva, prescindiendo en la medida de lo posible de acceder a determinados medios de comunicación que se han distinguido por un no disimulado ataque a nuestras creencias. Ellos son quienes han establecido una línea ofensiva. Que quienes hemos sido atacados conozcamos al menos cual es la línea divisoria del ataque y a nuestros propios enemigos. A quienes deciden agredir de forma tan grosera nuestras creencias no puede ni debe salirles gratuito su ataque. Que con nuestra respuesta se resientan los agresores donde más les duele, en sus niveles de audiencia o de tiradas, que en definitiva es tocarles a su propio bolsillo.

Asociación Presencia Cristiana
(Carta publicada el pasado día 20 de noviembre de 2010 en el diario ABC, en la sección "Cartas al Director")